martes, 17 de febrero de 2026

Sílaba 2

SÍLABA

Es la menor unidad fonética en que se puede dividir una palabra a través de la pronunciación. Según el número de sílabas por las que está compuesta una palabra, las clasificamos en cuatro grupos. Aquellas palabras que están formadas por una sílaba se denominan monosílabas. Las palabras que están conformadas por dos sílabas reciben el nombre de bisílabas. Si la palabra tiene tres sílabas, las conocemos como trisílabas. El último grupo se llama polisílabas y, en él, están todas aquellas palabras que tienen cuatro sílabas o más. 

PALABRA

Monosílaba (Una sílaba)

Bisílaba(2 sílabas)

Trisílaba(tres sílabas)

Polisílaba(varias sílabas)

Sol

sol

 

 

 

Coche

 

Co-che

 

 

Agenda

 

 

a-gen-da

 

lapicero

 

 

 

La-pi-ce-ro

luz

luz

 

 

 

ratón

 

Ra-tón

 

 

Bombones

 

 

Bom-bo-nes

 

teléfono

 

 

 

Te-lé-fo-no

sal

sal

 

 

 

papel

 

Pa-pel

 

 

profesor

 

 

Pro-fe-sor

 

ordenador

 

 

 

Or-de-na-dor

 

CLASES DE SÍLABAS

Según el acento las sílabas se clasifican en dos: 1. SÍLABA TÓNICA: es aquella en donde recae la mayor fuerza de voz. Cada palabra tiene solamente una Sílaba  Tónica (ST).

Ejemplo: televisor: te-le-vi-sor____ S.T  sor

2. SÍLABA ÁTONA: (S.A) es aquella en que recae menor esfuerzo de voz. Pueden haber varias sílabas átonas en una palabra.

Ejemplo: calzado---cal- za –do____ La sílaba tónica es za , entonces el resto son sílabas átonas: cal y do.


 


 

EJERCICIO: Divide las siguientes palabras en sílabas y encierra la sílaba tónica:

Biblioteca                   silla             amistad

Celular                        comida        feliz

Persona                      comer          corbata

Sílaba                          destacar      árbol

Mesa                            cafetera      locomotora

 

 


miércoles, 11 de febrero de 2026

 Mito LOS TIKUNAS PUEBLAN LA TIERRA

Yuche vivía desde siempre, solo en el mundo. En compañía de las perdices, los paujiles, los monos, y los grillos había visto envejecer la tierra. A través de ellos se daba cuenta de que el mundo vivía y de que la vida era tiempo y el tiempo... muerte.

No existía sitio más bello que aquel donde Yuche vivía: era una pequeña choza en un claro de la selva y muy cerca del arroyo enmarcado en arena fina. Todo era tibio allí; ni el calor ni la lluvia entorpecían la placidez de ese lugar. Dicen que nadie ha visto el sitio, pero los Tikunas esperan estar allí algún día.

Una vez Yuche se fue a bañar al arroyo, como de costumbre, llegó a la orilla y se fue introduciéndose en el agua hasta que casi estuvo enteramente sumergido. Al lavarse la cara se inclinó mirándose en el espejo del agua; por primera vez notó que había envejecido.

El verse viejo le entristeció profundamente: - Estoy ya viejo... y sólo. ¡Oh! si muero, la tierra quedará más sola todavía.

Apesadumbrado, despaciosamente emprendió el regreso a su choza. El susurro de la selva y el canto de las aves lo embargaban ahora de infinita melancolía. Yendo en camino sintió un dolor en la rodilla, como si lo hubiera picado algún insecto; no pudo darse cuenta, pero pensó que había podido ser la picadura de una avispa.

Comenzó a sentir que un pesado sopor lo invadía. -Es raro como me siento. Me acostaré tan pronto llegue.

Siguió caminando con dificultad y al llegar a su choza se recostó, quedando dormido. Tuvo un largo sueño. Soñó que mientras más soñaba, más se envejecía y más débil se ponía y que de su cuerpo agónico se proyectaban otros seres.

Despertó muy tarde al otro día. Quiso levantarse, pero el dolor se lo impidió. Entonces se miró la inflamada rodilla y notó que la piel se había vuelto; le pareció que algo en su interior se movía. Al acercar más los ojos, vio  con sorpresa que, allá en el fondo, dos minúsculos seres trabajaban, se puso a observarlos. Las figurillas eran un hombre y una mujer: El hombre templaba un arco y la mujer un chinchorro. Intrigado, Yuche les preguntó:

- ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo llegaron ahí? Los seres levantaron la cabeza, lo miraron, pero no respondieron y siguieron trabajando. Al no obtener respuesta, hizo un máximo esfuerzo para ponerse de pie, pero cayó sobre la tierra. Al golpearse, la rodilla se reventó y de ella salieron los pequeños seres que empezaron a crecer rápidamente, mientras él moría. Cuando terminaron de crecer, Yuche murió. Los primeros Tikunas se quedaron por algún tiempo allí, donde tuvieron varios hijos; pero más tarde se marcharon porque querían conocer más tierras y se perdieron. Muchos Tikunas han buscado aquel lugar, pero ninguno lo ha encontrado.

 


domingo, 8 de febrero de 2026

 El siguiente cuento se lleva impreso para leer en la clase de Lectura. (Estudiantes que no han comprado el libro: "Cuentos de la Selva" de Horacio Quiroga.) 

LA GAMA CIEGA

Autor: Horacio Quiroga

La gama ciega

[Cuento - Texto completo.]

Horacio Quiroga


Había una vez un venado -una gama- que tuvo dos hijos mellizos, cosa rara entre los venados. Un gato montés se comió a uno de ellos, y quedó solo la hembra. Las otras gamas, que la querían mucho, le hacían siempre cosquillas en los costados. Su madre le hacía repetir todas las mañanas, al rayar el día, la oración de los venados. Y dice así:

I

Hay que oler bien primero las hojas antes de comerlas, porque algunas son venenosas.

II

Hay que mirar bien el río y quedarse quieto antes de bajar a beber, para estar seguro de que no hay yacarés.

III

Cada media hora hay que levantar bien alta la cabeza y oler el viento, para sentir el olor del tigre.

IV

Cuando se come pasto del suelo, hay que mirar siempre antes los yuyos para ver si hay víboras.

Este es el padrenuestro de los venados chicos. Cuando la gamita lo hubo aprendido bien, su madre la dejó andar sola.

Una tarde, sin embargo, mientras la gamita recorría el monte comiendo las hojitas tiernas, vio de pronto ante ella, en el hueco de un árbol que estaba podrido, muchas bolitas juntas que colgaban. Tenían un color oscuro, como el de las pizarras.

¿Qué sería? Ella tenía también un poco de miedo pero como era muy traviesa, dio un cabezazo a aquellas cosas, y disparó.

Vio entonces que las bolitas se habían rajado, y que caían gotas. Habían salido también muchas mosquitas rubias de cintura muy fina, que caminaban apresuradas por encima.

La gama se acercó, y las mosquitas no la picaron. Despacito, entonces, muy despacito, probó una gota con la punta de la lengua, y se relamió con gran placer: aquellas gotas eran miel, y miel riquísima, porque las bolas de color pizarra eran una colmena de abejitas que no picaban porque no tenían aguijón. Hay abejas así.

En dos minutos la gamita se tomó toda la miel, y loca de contenta fue a contarle a su mamá. Pero la mamá la reprendió seriamente.

-Ten mucho cuidado, mi hija -le dijo- con los nidos de abejas. La miel es una cosa muy rica, pero es muy peligroso ir a sacarla. Nunca te metas con los nidos que veas.

La gamita gritó contenta:

-¡Pero no pican, mamá! Los tábanos y las uras sí pican; las abejas no.

-Estás equivocada, mi hija -continuó la madre-. Hoy has tenido suerte, nada más. Hay abejas y avispas muy malas. Cuidado, mi hija; porque me vas a dar un gran disgusto.

-¡Sí, mamá! !Sí, mamá! -respondió la gamita. Pero lo primero que hizo a la mañana siguiente fue seguir los senderos que habían abierto los hombres en el monte, para ver con más facilidad los nidos de abejas.

Hasta que al fin halló uno. Esta vez el nido tenía abejas oscuras, con una fajita amarilla en la cintura, que caminaban por encima del nido. El nido también era distinto; pero la gamita pensó que, puesto que estas abejas eran más grandes, la miel debía ser más rica.

Se acordó asimismo de la recomendación de su mamá; mas creyó que su mamá exageraba, como exageran siempre las madres de las gamitas. Entonces le dio un gran cabezazo al nido.

¡Ojalá nunca lo hubiera hecho! Salieron enseguida cientos de avispas, miles de avispas que la picaron en todo el cuerpo, le llenaron todo el cuerpo de picaduras, en la cabeza, en la barriga, en la cola; y lo que es mucho peor, en los mismos ojos. La picaron más de diez en los ojos.

La gamita, loca de dolor, corrió y corrió gritando, hasta que de repente tuvo que pararse porque no veía más; estaba ciega, ciega del todo. Los ojos se le habían hinchado enormemente, y no veía más. Se quedó quieta entonces, temblando de dolor y de miedo, y sólo podía llorar desesperadamente.

-¡Mamá!… ¡Mamá!…

Su madre, que había salido a buscarla, porque tardaba mucho, la halló al fin, y se desesperó también con su gamita que estaba ciega. La llevó paso a paso hasta su cubil, con la cabeza de su hija recostada en su pescuezo, y los bichos del monte que encontraban en el camino se acercaban todos a mirar los ojos de la infeliz gamita.

La madre no sabía qué hacer. ¿Qué remedios podía hacerle ella? Ella sabía bien que en el pueblo que estaba del otro lado del monte vivía un hombre que tenía remedios. El hombre era cazador, y cazaba también venados, pero era un hombre bueno.

La madre tenía miedo, sin embargo, de llevar a su hija a un hombre que cazaba gamas. Como estaba desesperada se decidió a hacerlo. Pero antes quiso ir a pedir una carta de recomendación al OSO HORMIGUERO, que era un gran amigo del hombre.

Salió, pues, después de dejar a la gamita bien oculta, y atravesó corriendo el monte, donde el tigre casi la alcanza. Cuando llegó a la guarida de su amigo, no podía dar un paso más de cansancio.

Este amigo era, como se ha dicho, un oso hormiguero; pero era de una especie pequeña, cuyos individuos tienen un color amarillo, y por encima del color amarillo una especie de camiseta negra sujeta por dos cintas que pasan por encima de los hombros. Tienen también la cola prensil, porque siempre viven en los árboles, y se cuelgan de la cola.

¿De dónde provenía la amistad estrecha entre el oso hormiguero y el cazador? Nadie lo sabía en el monte; pero alguna vez ha de llegar el motivo a nuestros oídos.

La pobre madre, pues, llegó hasta el cubil del oso hormiguero.

-¡Tan! ¡tan! ¡tan! -llamó jadeante.

-¿Quién es? -respondió el oso hormiguero.

-¡Soy yo, la gama!

-¡Ah, bueno! ¿Qué quiere la gama?

-Vengo a pedirle una tarjeta de recomendación para el cazador. La gamita, mi hija, está ciega.

-¿Ah, la gamita? -le respondió el oso hormiguero-. Es una buena persona. Si es por ella, sí le doy lo que quiere. Pero no necesita nada escrito… Muéstrele esto, y la atenderá.

Y con el extremo de la cola, el oso hormiguero le extendió a la gama una cabeza seca de víbora, completamente seca, que tenía aún los colmillos venenosos.

-Muéstrele esto -dijo aún el comedor de hormigas-. No se precisa más.

-¡Gracias, oso hormiguero! -respondió contenta la gama-. Usted también es una buena persona.

Y salió corriendo, porque era muy tarde y pronto iba a amanecer.

Al pasar por su cubil recogió a su hija, que se quejaba siempre, y juntas llegaron por fin al pueblo, donde tuvieron que caminar muy despacito y arrimarse a las paredes, para que los perros no las sintieran. Ya estaban ante la puerta del cazador.

-¡Tan! ¡tan! ¡tan! -golpearon.

-¿Que hay? -respondió una voz de hombre, desde adentro.

-¡Somos las gamas!… ¡TENEMOS LA CABEZA DE VÍBORA!

La madre se apuró a decir esto, para que el hombre supiera bien que ellas eran amigas del oso hormiguero.

-¡Ah, ah! -dijo el hombre, abriendo la puerta-. ¿Qué pasa?

-Venimos para que cure a mi hija, la gamita, que está ciega.

Y contó al cazador toda la historia de las abejas.

-¡Hum!… Vamos a ver qué tiene esta señorita -dijo el cazador. Y volviendo a entrar en la casa, salió de nuevo con una silla alta, e hizo sentar en ella a la gamita para poderle ver bien los ojos sin agacharse mucho. Le examinó así los ojos, bien de cerca con un vidrio redondo muy grande, mientras la mamá alumbraba con el farol de viento colgado de su cuello.

-Esto no es gran cosa -dijo por fin el cazador, ayudando a bajar a la gamita-. Pero hay que tener mucha paciencia. Póngale esta pomada en los ojos todas las noches, y téngale veinte días en la oscuridad. Después póngale estos lentes amarillos, y se curará.

-¡Muchas gracias, cazador! -respondió la madre, muy contenta y agradecida-. ¿Cuánto le debo?

-No es nada -respondió sonriendo el cazador-. Pero tenga mucho cuidado con los perros, porque en la otra cuadra vive precisamente un hombre que tiene perros para seguir el rastro de los venados.

Las gamas tuvieron gran miedo; apenas pisaban, y se detenían a cada momento. Y con todo, los perros las olfatearon y las corrieron media legua dentro del monte. Corrían por una picada muy ancha, y delante la gamita iba balando.

Tal como lo dijo el cazador se efectuó la curación. Pero solo la gama supo cuánto le costó tener encerrada a la gamita en el hueco de un gran árbol, durante veinte días interminables. Adentro no se veía nada. Por fin una mañana la madre apartó con la cabeza el gran montón de ramas que había arrimado al hueco del árbol para que no entrara luz, y la gamita, con sus lentes amarillos, salió corriendo y gritando:

-¡Veo, mamá! ¡Ya veo todo!

Y la gama, recostando la cabeza en una rama, lloraba también de alegría, al ver curada a su gamita.

Y se curó del todo. Pero aunque curada, y sana y contenta, la gamita tenía un secreto que la entristecía. Y el secreto era este: ella quería a toda costa pagarle al hombre que tan bueno había sido con ella y no sabía cómo.

Hasta que un día creyó haber encontrado el medio. Se puso a recorrer la orilla de las lagunas y bañados, buscando plumas de garza para llevarle al cazador. El cazador, por su parte, se acordaba a veces de aquella gamita ciega que él había curado.

Y una noche de lluvia estaba el hombre leyendo en su cuarto, muy contento porque acababan de componer el techo de paja, que ahora no se llovía más; estaba leyendo cuando oyó que llamaban. Abrió la puerta, y vio a la gamita que le traía un atadito, un plumerito todo mojado de plumas de garza.

El cazador se puso a reír, y la gamita, avergonzada porque creía que el cazador se reía de su pobre regalo, se fue muy triste. Buscó entonces plumas muy grandes, bien secas y limpias, y una semana después volvió con ellas; y esta vez el hombre, que se había reído la vez anterior de cariño, no se rió esta vez porque la gamita no comprendía la risa. Pero en cambio le regaló un tubo de tacuara lleno de miel, que la gamita tomó loca de contento.

Desde entonces la gamita y el cazador fueron grandes amigos. Ella se empeñaba siempre en llevarle plumas de garza que valen mucho dinero, y se quedaba horas charlando con el hombre. Él ponía siempre en la mesa un jarro enlozado lleno de miel, y, arrimaba la sillita alta para su amiga. A veces le daba también cigarros que las gamas comen con gran gusto, y no les hacen mal. Pasaban así el tiempo, mirando la llama, porque el hombre tenía una estufa a leña mientras afuera el viento y la lluvia sacudía el alero de paja del rancho.

Por temor a los perros, la gamita no iba sino en las noches de tormenta. Y cuando caía la tarde y empezaba a llover, el cazador colocaba en la mesa el jarrito de miel y la servilleta, mientras tomaba café y leía, esperando en la puerta el ¡tan-tan! bien conocido de su amiga la gamita.

FIN

 


viernes, 30 de enero de 2026

 EJERCICIO DEL USO DE LAS MAYÚSCULAS 

Corrige cada frase usando correctamente las mayúsculas.

1. de madrid a cuba voy en avión.

2. mi amigo se llama carlos y su apellido es lópez.

3. jean ha vuelto a esquiar en los alpes.

4. durante la edad media hubo guerras.

5. ¡qué frío hace! me pondré un abrigo.

miércoles, 28 de enero de 2026

 Ejercicio

Uso de mayúsculas:

Escribe las frases con las mayúsculas correspondientes: 

1. era de noche, nevaba y hacía frío.

2. mi perra sira es joven, pero muy lista.

3. yo nací en un pequeño pueblo de colombia.

4. en santa marta hay hermosas playas.

5. nunca estuva en asia  ni tampoco en africa.


1, 

viernes, 7 de noviembre de 2025

PLAN DE MEJORAMIENTO PERÍODO 3 2025

PLAN DE MEJORAMIENTO

LENGUA CASTELLANA

GRADO SEXTO

Este Plan de Mejoramiento se sustenta de manera oral y escrita, obligatoriamente.  Se presenta en hoja examen cuadriculada, marcada con nombre completo y curso. La sustentación da la calificación.

1.     Presentar resumen de los cuentos de García Márquez: Un día de estos, La prodigiosa tarde de Baltazar, El ahogado más hermoso del mundo, Un señor muy viejo con unas alas enormes, Los Funerales de la Mamá Grande. Después del resumen se deben identificar:  Personajes principales y secundarios, argumento, mensaje, escenario (descripción del lugar), en qué tiempo sucedieron los hechos, vocabulario (mínimo el significado de 5 palabras de difícil significación)

2.     Conjugar los siguientes verbos en los cinco tiempos simples del Modo Indicativo: estar, ser, hablar, escribir, comer.

3.     En qué tiempo verbal se encuentra el verbo de las siguientes frases:

a.     Me encantaría estudiar medicina.

b.    El abogado llevaba un abrigo de excelente paño.

c.     Toda mi familia saldrá de paseo mañana.

d.    Ella dejó el celular en el colegio.

e.     Mi hermano escucha atento los consejos del profesor.

4.     Identificar sujeto, núcleo del sujeto, predicado y  núcleo del predicado de las siguientes frases.

a.     El profesor de biología habló en voz alta ayer.

b.    Los niños pequeños juegan en el parque alegremente.

c.     El colegio distrital de mi zona tiene muchos estudiantes.

d.    Mis amigos pintaron la pared con témperas.

5.     Escriba la categoría gramatical,  al frente de cada palabra de las frases del punto 4.

6.     Escriba el concepto y dé ejemplos de: sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio, preposición, pronombre y artículo.

7.     Dictado. (Palabras agudas con tilde, sin tilde; graves con y sin tilde; palabras esdrújulas.)

8.     Clasifica las siguientes palabras en el lugar correspondiente: café, pánico,  limón , ayer, prado, sólido, césped, árbol, amigo, lápiz, pared, látex, computador, automóvil, calculadora, televisor, brújula, púrpura, Óscar, jamás, usted, pintura, frágil, médico, también, cosedora, después.

AGUDAS CON TILDE:

 

 

 

 

 

AGUDAS SIN TILDE:

 

GRAVES CON TILDE:

 

 

 

 

 

GRAVES SIN TILDE:

 

ESDRÚJULAS:

 

 

 

 

9.     Presentar todas las planas de caligrafía asignadas en el cuaderno. Dictado para evaluar calugrafía.

10.  Lectura en voz alta.