martes, 26 de mayo de 2026

 

EL VERBO: El verbo es la parte de la oración que indica la acción del sujeto. El verbo es el constituyente esencial de la estructura verbal, ya que todas las demás palabras que la integran están en relación directa o indirecta con él. Mediante los morfemas de persona y número, el verbo remite al sujeto y esto hace que con frecuencia sea innecesaria en español la mención expresa del sujeto.

  1. Caracteristicas del verbo
  • El lexema: Es la parte de la forma verbal que contiene el significado básico. Para obtener el lexema basta con eliminar las terminaciones -ar, -er, -ir al infinitivo de los verbos. Ejemplos:

cant-ar, beb-er, viv-ir.

  • Morfemas o desinencias

Son las terminaciones que se añaden al lexema y aportan diferentes informaciones al verbo. Se distinguen de:

Tiempo  | Modo | Número | Persona | Aspecto

2.       Clasificación de los verbos: Los verbos pueden clasificarse de muchas formas, tales como: desde un punto de vista morfológico pueden ser regulares o irregulares, desde la duración temporal de las acciones, perfectivos o imperfectivos, de acuerdo al aporte de significado que ofrezcan pueden ser copulativos, semicopulativos, predicativos, transitivos, recíprocos, reflexivos, intransitivos o pronominales; si sirven para apoyar el significado de otros verbos se llaman auxiliares.

Los verbos transitivos son aquellos que exigen la existencia de un objeto directo para alcanzar un significado completo;

Los verbos intransitivos, en cambio, no necesitan que haya un un objeto directo en la oración que condicione al verbo;

Los verbos irregulares poseen conjugaciones particulares para los tiempos verbales primitivos como el presente del modo indicativo, el pretérito perfecto simple del indicativo y el futuro simple del mismo modo;

Los verbos regulares son, por el contrario, los que respetan los sistemas de conjugación más utilizados en el idioma al que pertenezcan.

RAÍZ Y DESINENCIA DE LOS VERBOS: Los verbos son un tipo de palabra con la que se expresan acciones, procesos o estados y pueden variar en tiempo (pasado, presente o futuro), voz (activa o pasiva), modo (indicativosubjuntivo o imperativo), número (singular o plural) y persona (primera, segunda o tercera).

Todo verbo está compuesto por dos partes fundamentales:

  • Raíz (o lexema). Es la parte del verbo que expresa su significado y es invariable. Por ejemplo: partir (“sal-” es la raíz)
  • Desinencia (terminación). Es la parte del verbo que se ve modificada por el tiempo verbal, el modo y la persona en que esté conjugado el verbo. Por ejemplo: partieron, partan, partiremosVerbo “amar”: El verbo “amar” está compuesto por la raíz am y la desinencia –ar. Si modificamos la desinencia, podemos obtener el verbo en otras formas: amado, amé, aman.La información más importante de un verbo está dada por la desinencia y no por la raíz, puesto que agrega información y significado gramatical (o accidente gramatical). Veamos un ejemplo en una oración: El abuelo amaba a sus nietos.Siempre será la desinencia la que indique quién está realizando esta acción y en qué tiempo. Si si quisiéramos modificar el tiempo de la oración diríamos: El abuelo amaría a sus nietos. Aquí podemos observar que el sentido cambia por el tiempo verbal utilizado.

    Los Accidentes Gramaticales:Se llaman así los diferentes significados que aportan al verbo las desinencias. Son los siguientes:                                                                                                                                                                         Número: según si el sujeto es único o múltiple. singular: un solo sujeto → tú estudiaste. plural: varios sujetos → vosotros estudiáis. Persona: primera persona: la que habla → yo escribo. segunda persona: la que escucha → tú lees. tercera persona: de quien se habla → él lo sabe. Tiempo: pasado: hechos ya ocurridos → pintó la pared. presente: hechos que están ocurriendo → tú pintas la pared. futuro: hechos que ocurrirán → nosotros la pintaremos. Modo: indicativo: hechos reales, seguros → acertó la quiniela. subjuntivo: expresión de deseo, duda → quisiera acertar. imperativo: expresión de mandato → ¡compra la quiniela! 

El verbo es una categoría gramatical variable que expresa acciones, estados, procesos o existencia, funcionando como el núcleo del predicado en la oración. Se caracteriza por conjugarse según persona, número, tiempo, modo y voz, permitiendo situar la acción y concordar con el sujeto.

Estructura del Verbo: El verbo se compone de dos partes fundamentales:

·         Raíz (o lexema): Aporta el significado léxico del verbo. Se obtiene quitando la terminación -ar, -er, -ir al infinitivo.

·         Desinencia (o morfemas flexivos): Aporta información gramatical (tiempo, modo, persona, número).

Accidentes Gramaticales (Morfología)
Las formas verbales conjugadas expresan:

·         Persona: Primera (yo/nosotros), segunda (tú/vosotros), tercera (él/ellos).

·         Número: Singular o plural.

·         Tiempo: Pasado (pretérito), presente o futuro.

·         Modo: Indicativo (hechos reales), subjuntivo (deseos, dudas) o imperativo (órdenes).

·         Aspecto: Perfecto (acción concluida) o imperfecto (acción en proceso).

Clasificación de los Verbos

·         Regulares: Mantienen la raíz constante y siguen las terminaciones del modelo (amar, temer, partir).

·         Irregulares: Sufren cambios en la raíz, en la desinencia, o en ambas.

·         Defectivos: No tienen la conjugación completa (ej. nevar, soler).

·         Impersonales: Se conjugan solo en tercera persona del singular (ej. llueve).

·         Transitivos/Intransitivos: Según si necesitan o no un objeto directo para completar su sentido.

Accidentes verbales: La manera en que conjugamos los verbos varía según la persona, número, tiempo, aspecto, modo y voz. Esto se conoce como accidentes verbales o accidentes gramaticales del verbo.

Persona y número: Como recordarás, los verbos describen lo que hace el sujeto de una oración. Por ello, deben coincidir en persona (primera, segunda, tercera) y número (singular o plural) del sujeto. Veamos algunos ejemplos:

 

EL VERBO (2)

Los verbos son aquellas palabras que expresan una acción, existencia o estado (de ser) en una oración. Son las palabras que nos dicen qué está haciendo el sujeto de una oración y funcionan como núcleo de la oración. De hecho, no puedes crear un pensamiento u oración completa sin usar un verbo.

  Verbos en infinitivo y verbos conjugados: Para comprender cómo se usan los verbos en las oraciones, primero debemos saber qué es un verbo en infinitivo. Un verbo en infinitivo no expresa ninguna persona, modo o tiempo. Estas son las formas básicas de un verbo. Los infinitivos terminan en -ar-er, e -ir. Algunos ejemplos de infinitivos son hablarcomer y vivir. Aunque a veces usamos infinitivos en oraciones (más sobre esto más adelante), a menudo se cambian para expresar quién realiza la acción y cuándo ocurre la acción; estos se llaman verbos conjugados.

Accidentes verbales: La manera en que conjugamos los verbos varía según la persona, número, tiempo, aspecto, modo y voz. Esto se conoce como accidentes verbales o accidentes gramaticales del verbo. *Persona y número: Como recordarás, los verbos describen lo que hace el sujeto de una oración. Por ello, deben coincidir en persona (primera, segunda, tercera) y número (singular o plural) del sujeto. Veamos algunos ejemplos:

Persona

Número

Oración

Primera persona

Singular

Yo juego en el parque.

Primera persona

Plural

Nosotros jugamos en el parque.

Segunda persona

Singular

Tú juegas en el parque.

Segunda persona

Plural

Ustedes juegan en el parque.

Tercera persona

Singular

Ella juega en el parque.

Tercera persona

Plural

Ellas juegan en el parque.

*Tiempo y aspecto del verbo: Los verbos también se conjugan según el momento en que ocurre la acción (pasado, presente o futuro). Esto se conoce como el tiempo verbal. De manera similar, el aspecto nos dice si la acción está completa (perfecta) o en curso (imperfecta). Observe cómo cambia cada verbo según el tiempo y el aspecto utilizados.

  • Presente simple: Yo juego al fútbol.
  • Tiempo pretérito perfecto: Ayer jugué al fútbol.
  • Tiempo pretérito imperfecto: Jugaba al fútbol cuando era niño.
  • Tiempo futuro perfecto: Al final del día, habré jugado fútbol con mis amigos.
  • Tiempo futuro imperfecto: Jugaré al fútbol más tarde.

*Modos verbales: Como el habla refleja nuestros pensamientos, ideas y sentimientos, es natural que los verbos tengan sus propios modos. Los modos verbales indican la actitud del hablante. Hay tres modos: indicativo, imperativo y subjuntivo.

Modo indicativo: El modo indicativo se utiliza en enunciados y preguntas. Es el modo utilizado para la comunicación general, como la descripción de eventos y acciones.

Ejemplos del modo indicativo

  • Tiempo presente simple: María lee un cuento. // Pretérito simple: María leyó un cuento. // Tiempo futuro simple: María leerá un cuento.

Modo imperativo: El modo imperativo se utiliza para realizar órdenes o solicitudes. Cuando usa el modo imperativo, está hablando directamente a una persona o grupo de personas. Por lo tanto, las declaraciones hechas con mandato imperativo y se dirige únicamente a la segunda persona del singular y del plural.

Ejemplos del modo imperativo: El modo imperativo se utiliza para realizar órdenes o solicitudes. Cuando usa el modo imperativo, está hablando directamente a una persona o grupo de personas. Por lo tanto, las declaraciones hechas con mandato imperativo y se dirige únicamente a la segunda persona del singular y del plural. (-Come tus vegetales. –Vengan a mi fiesta)

Modo subjuntivo: El modo subjuntivo se usa para expresar declaraciones hipotéticas, situaciones imaginadas, sugerencias o deseos.

Ejemplos del modo subjuntivo: Presente de subjuntivo: Ojalá estuviera comiendo tacos. // Subjuntivo en tiempo pasado: Si ella hubiera estudiado, la prueba hubiera sido fácil. // Subjuntivo en tiempo pasado: Si hubiera trabajado, tendría dinero.

*Voz: Los verbos se pueden usar en voz activa o pasiva. En voz activa, el sujeto está realizando la acción, mientras que el sujeto es el receptor de la acción en voz pasiva.

Ejemplos de voz activa y pasiva

  • Conduzco mi auto. (Voz activa, tiempo presente ) // Conduje mi auto. (Voz activa, tiempo pasado )
  • Esta carta está escrita por mí. (Voz pasiva, tiempo presente )// Esta carta fue escrita por mí. (Voz pasiva, tiempo pasado )

 

 

domingo, 24 de mayo de 2026

 TEMA: Tilde Diacítica

La tilde diacrítica es el signo ortográfico que se utiliza para diferenciar palabras que se escriben igual y suenan igual, pero cumplen funciones gramaticales diferentes o tienen distinto significado.

Ejemplos:

  • (pronombre) / tu (adjetivo posesivo)
  • él (pronombre) / el (artículo)                                                                                                                                                           EJERCICIOS:
  • Indique la palabra correcta que debe ir en el aspacio en blanco:  
  •  a. Espero que le _____ (de/dé) las gracias.
  • b. Para _____ (mi/mí) la mejor época del año es Navidad.
  • c. _____(El/Él) llegó tarde al colegio.
  • d. _____, Si/Sí) iré al cine mañana.
  • e. No _____ (se/sé) a dónde vamos a ir. 
  • f. ¿____ (tu/tú) eres bilingüe?
  • g. ¿Quieres ____ (te/té) con galletas?
  • ¿______ (Como/Cómo) llego a esta dirección?
  • Compraré el libro _________ (cuando/cuándo) pueda.
  • ¿A ____ (quien/ quién) se le ocurrió semejante disparate?
  • ____ (El/Él) no ha llegado _____ (aun/aún).

miércoles, 4 de marzo de 2026

 

EL HOMBRE CAIMÁN

Hace mucho tiempo, existió un pescador muy mujeriego que tenía por afición espiar a las mujeres plateñas desnudas que se bañaban en las aguas del río Magdalena Previendo que podría ser descubierto entre los arbustos, se desplazó a la Alta Guajira para que un brujo le preparara una pócima que lo convirtiera temporalmente en caimán, esto para que no sospecharan las bañistas y poderlas admirar a su placer. El brujo le preparó dos pócimas, una roja que lo convertía en caimán, y otra blanca que lo volvía hombre de nuevo.

Montenegro disfrutó por algún tiempo de su ingenio, pero, en una ocasión, el amigo que le echaba la pócima blanca no pudo acompañarlo y, en su lugar, fue otra persona quien al ver el caimán se asustó al creer que era verdadero y dejó caer la botella blanca con el líquido que lo convertía en hombre de nuevo. Antes de derramarse completamente, algunas gotas del líquido salpicaron únicamente sobre la cabeza de Saúl, por lo que, el resto de su cuerpo quedó convertido en caimán. Desde entonces, se convirtió en el terror de las mujeres quienes no volvieron a bañarse en el río, por miedo a que les pasara algo.

La única persona que se atrevió a acercársele después fue su madre. Ella, todas las noches, lo visitaba en el río para consolarlo y llevarle su comida favoritaquesoyuca y pan mojado en ron. Tras la muerte del brujo que había elaborado las pócimas y que falleció poco después de entregárselas a Saúl, la madre del Hombre Caimán no logró encontrar a nadie que pudiera ayudar a su hijo. Afligida por no poder revertir la transformación, murió de tristeza.

Así, el Hombre Caimán quedó completamente solo. Sin nadie que lo cuidara, decidió dejarse arrastrar por el río hasta el mar, llegando a Bocas de Ceniza, como se conoce la desembocadura del río Magdalena en el mar Caribe a la altura de Barranquilla. Desde entonces, los pescadores de Bajo Magdalena, desde Plato hasta Bocas de Ceniza, afirman estar atentos para pescarlo en el río o cazarlo en los pantanos de las riberas, con la intención de demostrar que la leyenda es real.

miércoles, 25 de febrero de 2026

 Horacio Quiroga

(1879-1937)

EL LORO PELADO
(Cuentos de la selva, 1918)



         Había una vez una bandada de loros que vivía en el monte.
          De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.
         Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después se pudren con la Lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comerlos guisados, los peones los cazaban a tiros.
          Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo Llevó a la casa, para los hijos del patrón; los chicos lo curaron porque no tenía más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó completamente. Se Llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba estar en el hombro de las personas y les hacía cosquillas en la oreja.
         Vivía suelto, y pasaba casi todo el día en los naranjos y eucaliptos del jardín. Le gustaba también burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco de la tarde, que era la hora en que tomaban el té en la casa, el loro entraba también en el comedor, y se subía por el mantel, a comer pan mojado en leche. Tenía locura por el té con leche.
         Tanto se daba Pedrito con los chicos, y tantas cosas le decían las criaturas, que el loro aprendió a hablar.
         Decía: "¡Buen día, lorito! "¡Rica la papa!" "¡Papa para Pedrito!..." Decía otras cosas más que no se pueden decir, porque los loros, como los chicos, aprenden con gran facilidad malas palabras.
          Cuando Llovía, Pedrito se encrespaba y se contaba a sí mismo una porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componía, volaba entonces gritando como un loco.
         Era, como se ve, un loro bien feliz, que además de ser libre, como lo desean todos los pájaros, tenía también, como las personas ricas, su five o clock tea.
         Ahora bien: en medio de esta felicidad, sucedió que una tarde de lluvia salió por fin el sol después de cinco días de temporal, y Pedrito se puso a volar gritando:
          —¡Qué lindo día, lorito!... ¡Rica, papa!... ¡La pata, Pedrito!... y volaba lejos, hasta que vio debajo de él, muy abajo, el río Paraná, que parecía una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió, siguió volando, hasta que se asentó por fin en un árbol a descansar.
         Y he aquí que de pronto vio brillar en el suelo, a través de las ramas, dos luces verdes, como enormes bichos de luz.
          —¿Qué será? —se dijo el loro— ¡Rica, papa!... ¿Qué será eso?... ¡Buen día, Pedrito!... El loro hablaba siempre así, como todos los loros, mezclando las palabras sin ton ni son, y a veces costaba entenderlo. Y como era muy curioso, fue bajando de rama en rama, hasta acercarse.
         Entonces vio que aquellas dos luces verdes eran los ojos de un tigre que estaba agachado, mirándolo fijamente.
         Pero Pedrito estaba tan contento con el lindo día, que no tuvo ningún miedo.
         —¡Buen día, tigre! —le dijo— ¡La pata, Pedrito!...
         Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca que tiene, le respondió:
         —¡Bu-en día!
         —¡Buen día, tigre! —repitió el loro—. ¡Rica, papa!... ¡rica, papa!... ¡rica papa!...
         Y decía tantas veces "¡rica papa!" porque ya eran las cuatro de la tarde, y tenía muchas ganas de tomar té con leche. El loro se había olvidado de que los bichos del monte no toman té con leche, y por esto lo convidó al tigre.
         —¡Rico té con leche! —le dijo—. ¡Buen día, Pedrito!... ¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre?
         Pero el tigre se puso furioso porque creyó que el loro se reía de él, y además, como tenía a su vez hambre, se quiso comer al pájaro hablador. Así que le contestó:
         —¡Bue-no! ¡Acérca-te un po-co que soy sor-do!
         El tigre no era sordo; lo que quería era que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zarpazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto que tendrían en la casa cuando él se presentara a tomar té con leche con aquel magnífico amigo. Y voló hasta otra rama más cerca dei suelo.
          —¡Rica, papa, en casa! —repitió gritando cuanto podía.
         —¡Más cer-ca! ¡No oi-go! —respondió el tigre con su voz ronca.
         El loro se acercó un poco más y dijo:
          —¡Rico, té con leche!
         —¡Más cer-ca toda-vía! —repitió el tigre.
         El pobre loro se acercó aún más, y en ese momento el tigre dio un terrible salto,
         tan alto como una casa, y alcanzó con la punta de las uñas a Pedrito. No alcanzó a matarlo, pero le arrancó todas las plumas del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola.
         —¡Tomá!—rugió el tigre—. Andá a tomar té con leche...
         El loro, gritando de dolor y de miedo, se fue volando, pero no podía volar bien, porque le faltaba la cola, que es como el timón de los pájaros. Volaba cayéndose en el aire de un lado para otro, y todos los pájaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro.
          Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo de la cocinera. ¡Pobre, Pedrito! Era el pájaro más raro y más feo que puede darse, todo pelado, todo rabón y temblando de frío. ¿Cómo iba a presentarse en el comedor con esa figura? Voló entonces hasta el hueco que había en el tronco de un eucalipto y que era como una cueva, y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza.
          Pero entretanto, en el comedor todos extrañaban su ausencia:
          —¿Dónde estará Pedrito? —decían. Y llamaban—: ¡Pedrito! ¡Rica, papa, Pedrito! ¡Té con leche, Pedrito!
          Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni respondía nada, mudo y quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos creyeron entonces que Pedrito había muerto, y los chicos se echaron a Llorar.
         Todas las tardes, a la hora del té, se acordaban siempre del loro, y recordaban también cuánto le gustaba comer pan mojado en té con leche. ¡Pobre, Pedrito! Nunca más lo verían porque había muerto.
         Pero Pedrito no había muerto, sino que continuaba en su cueva sin dejarse ver por nadie, porque sentía mucha vergüenza de verse pelado como un ratón. De noche bajaba a comer y subía en seguida. De madrugada descendía de nuevo, muy ligero, iba a mirarse en el espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardaban mucho en crecer.
         Hasta que por fin un día, o una tarde, la familia sentada a la mesa a la hora del té vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceándose como si nada hubiera pasado. Todos se querían morir, morir de gusto cuando lo vieron bien vivo y con lindísimas plumas.
          —¡Pedrito, lorito! —le decían—. ¡Qué te pasó, Pedrito! ¡Qué plumas brillantes que tiene el lorito!
          Pero no sabían que eran plumas nuevas, y Pedrito, muy serio, no decía tampoco una palabra. No hacia sino comer pan mojado en té con leche. Pero lo que es hablar, ni una sola palabra.
         Por eso, el dueño de casa se sorprendió mucho cuando a la mañana siguiente el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como un loco. En dos minutos le contó lo que le había pasado; un paseo al Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo demás; y concluía cada cuento, cantando:
          —¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni una pluma! ¡Ni una pluma!
         Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos.
          El dueño de casa, que precisamente iba en ese momento a comprar una piel de tigre que le hacía falta para la estufa, quedó muy contento de poderla tener gratis. Y volviendo a entrar en la casa para tomar la escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay. Convinieron en que cuando Pedrito viera al tigre, lo distraería charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacito con la escopeta.
         Y así pasó. El loro, sentado en una rama del árbol, charlaba y charlaba, mirando al mismo tiempo a todos lados, para ver si veía al tigre. Y por fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente debajo del árbol dos luces verdes fijas en él: eran los ojos del tigre.
         Entonces el loro se puso a gritar:
          —¡Lindo día!... ¡Rica, papa!... ¡Rico té con leche!... ¿Querés té con leche?...
         El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esta vez no se le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca:
         —Acer-cá-te más! ¡Soy sor-do!
         El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:
          —¡Rico, pan con leche!... ¡ESTÁ AL PIE DE ESTE ÁRBOL!...
         Al oír estas últimas palabras, el tigre lanzó un rugido y se levantó de un salto.
         —¿Con quién estás hablando? —rugió—. ¿A quién le has dicho que estoy al pie de este árbol?
          —¡A nadie, a nadie! —gritó el loro—. ¡Buen día, Pedrito!... ¡La pata, lorito!...
         Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero él había dicho: está al pie de este árbol, para avisarle al hombre, que se iba arrimando bien agachado y con escopeta al hombro.
         Y Llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó:
         —¡Rica, papa!... ¡ATENCIÓN!
         —¡Más cer-ca aún!—rugió el tigre, agachándose para saltar.
         —¡Rico, té con leche!... ¡CUIDADO, VA A SALTAR! y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también en ese mismo instante el hombre, que tenia el cañón de la escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un rugido que hizo temblar el monte entero, cayó muerto.
         Pero el loro, !Qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento, porque se había vengado —¡y bien vengado!— del feísimo animal que le había sacado las plumas!
         El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor.
          Cuando Llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol, y todos lo felicitaron por la hazaña que había hecho.
         Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el comedor para tomar el té se acercaba siempre a la piel del tigre, tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar té con leche.
          —¡Rica, papa!... —le decía—. ¿Querés té con leche?... ¡La papa para el tigre!...
          Y todos se morían de risa. Y Pedrito también.